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Yo quiero ir a un mesón

Lunes, 9 de Mayo de 2005

Cuando voy a los museos llega un punto en el que me saturo, hacia los tres cuartos de hora, y ya miro pero no veo nada. Ayer me fui con Supervago a ver una exposición de Die Brücke, el movimiento expresionista aleman de principios de siglo liderado por Ernst Ludwig Kirchner, Erich Heckel, Karl Schmidt-Rottluff y Fritz Bley. El gran problema a lo largo del recorrido fue el hambre, porque sólo a nosotros se nos ocurre visitar una exposición con el estómago vacío. Durante el recorrido por la exposición expresionista no hubo ningún problema, pero cuando fuimos a ver la exposición permanente del Thyssen, ahí las cosas ya cambiaron. Quizás sea porque ya he visitado ese museo tres veces, pero estaba más pendiente de mi estómago que de otra cosa. Al final, terminamos comiendo a las 6 de la tarde.

Lo que más pena me dio de la visita fue comprobar cómo se me olvidan las cosas. Una vez terminado COU y en los dos primeros años de carrera recuerdo que dominaba bastante bien el arte contemporáneo y más o menos conocía a los autores más importantes de cada movimiento, pero han pasado los años y ahora ya las fechas y los nombres me bailan. Algo queda, y supongo que si me pongo a leer sobre el tema otra vez lo recordaría, pero ya no me veo con la agilidad con la que hacía los comentarios de obras abstractas, ayudado por un Martini Rojo con cola (bebida que hemos recuperado este fin de semana), en la Universidad.

banquete_

Jueves, 27 de Enero de 2005

Ayer Supervago y yo estuvimos sentados en unos cubos vibratorios y no eran una revisión para el salón de las camas que funcionan con monedas, esas que se ven en las películas americanas, ni tampoco una nueva perversión sexual que estemos poniendo en práctica, sino que era un obra de arte del alemán Franz John dentro de banquete_.

¿Que qué es eso de banquete_? No tiene nada que ver con bodas, cenas, comidas, novios o tartas nupciales. De hecho, las únicas cosas comestibles que había por ahí eran unos peces de estos luchadores en unas peceras motorizodas. banquete_ es una exposición de estas vanguardistas que se podrá visitar hasta el 20 de febrero en el Centro Cultural Conde Duque. El tema de la exposición es ‘Comunicación en evolución’ y pretende que el visitante reflexione sobre la comunicación en todas sus facetas: desde el intercambio químico entre células hasta los grandes medios de comunicación.

La exposición se divide en cuatro partes:

1. distorsiones. La paradoja de la sociedad de la información en la que vivimos. Ante tal avalancha de estímulos, información y manipulaciones, estamos más desinformados que nunca, con guerras que parecen películas y ejércitos que se presentan como campamentos muy divertidos de colegio.

2. biosfera_infosfera. La comunicación llevada al mundo de la biología, la genética y las máquinas. Toda cosa que esté viva, aunque sea a través de un intercambio de ADN se está comunicando. Y si las máquinas son capaces de establecer comunicaciones sin intervención humana, ¿son otro escalón evolutivo? Desde luego, está fenomenal para tener conversaciones filosóficas sobre replicantes.

3. interferencias productivas. Porque hay infinitas maneras de comunicarse y de presentar la información, más allá de la linealidad a la que estamos acostumbrados.

4. en construcción. Un mundo conectado, donde es muy fácil establecer cualquier tipo de red. Nuevos espacios de debate y creación, pero sobre todo, interconexión. Porque la información es el único bien que cuando se comparte, no se pierde, sino que se multiplica.

Para entender todas las obras que hay a lo largo de la exposición lo mejor es que te las expliquen, porque si no algunas se presentan muy crípticas, como los cajones que vibraban al ritmo de la información que llegaba de todas las estaciones sismológicas repartidas por el planeta. Otras obras que nos gustaron mucho fue una especie de EyeToy pero a lo artístico, en el que la interacción con la pantalla se hacía a través de la sombra del cuerpo y el sonido. Parecía adictivo, pero daba corte ponerse a hacer ruiditos delante de un micrófono ante la mirada de muchos extraños.

Lo que más nos impactó fue un proyecto arquitectónico interactivo de Nox, que consiste en una torre que va cambiando de color según el estado de ánimo de la ciudad. Para representarlo, cada día se les pregunta por email a varias personas de distintos estratos sociales, cómo se encuentran y los que se acercan a la torre pueden contestar los emails de esas personas y compartir sus sentimientos. Le comenté que me encantaría hacer algo así con los blogs, un termómetro colectivo del estado de ánimo del día, pero me parece que va a llevar demasiado trabajo y, sobre todo, ayuda de algún programador. Ya veremos si sale algo.