Que yo estuviese más nervioso que Supervago en su estreno como DJ el sábado no tiene ningún sentido, pero soy así, que me solidarizo y acabo sufriendo yo también. Menos mal que según fue pasando el tiempo y visto que todo era un éxito me fui tranquilizando un poco. Salió tan bien que nadie diría que fue su primera vez y es que esto despertó las dudas de algunos. Un amigo de Super vino a decirme que no se creía que fuese su estreno y que confesase cuánto tiempo había estado ensayando en casa. La verdad es que poco, pero es que Supervago esto de pinchar lo lleva en la sangre.
Antes de la sesión intenté tranquilizarle un poco, ya que él estaba tirado en la cama del hotel diciendo que no quería ir y otras cosas, así que salimos a cenar algo para hacer un poco de tiempo y ver si se tranquilizaba algo. El vino de la cena ayudó un poco.
Al Razz llegamos unos minutos tarde aunque no fue culpa nuestra y nos agobió un poco que ya hubiese gente y que Mogkumo, Plane y Astredu estuviesen esperando a que apareciese Supervago. Eso sí que es ser fan. Y comenzó la sesión con ‘Fernando Rey’, un tema de Bauer que me gusta muchísimo y que Super sabía que me iba a hacer mucha ilusión.
La sesión, como ya he apuntado antes, transcurrió prácticamente sin incidentes. Yo me quedé casi toda la noche en la cabina con Supervago ya que fuera iba a estar más pendiente de si le pasaba algo o no y de paso despistaba un poco a los que venían a pedir cosas. Como ya ha apuntado Supervago en su post la gente no paraba de pedir temas, sobre todo La casa azul y Astrud. Me hizo mucha ilusión que la gente también pidiese muchísimo a Saint Etienne, uno de mis grupos favoritos. Lo que no me encaja es que luego vendan tan pocos discos.
Nuestros amigos desplazados a Barcelona, Rul y señora, Claudio, Patata y Laon (desplazado al Razz), Farala y Hator, protagonizaron uno de los momentos de la noche con la sesión de fitness que montaron al fondo de la sala. Estaba anunciado, pero hasta el último momento no supimos si se iban a atrever o no.
Una vez que terminó la sesión nos encontramos todos en las puertas de Razz y ahí, ya más tranquilo, sí que me puse a hablar un poco más con la gente y me dio por abrazar a Patata y a la señora caniche. Hasta cogí en brazos a Patata. Ya de vuelta en el hotel, no podía dejar de decirle a Supervago: “Pero qué poco que pesa Patata”.