Mar adentro, Mirando al mar, qué más da. Si total son dos títulos que se parecen. Por eso mismo ayer, antes de verla, me hice un lío y llamé a la nueva película de Amenábar como el programa de la Tárrega. Y sí, por si os lo preguntáis, me quedé tan ancho.
Tras el rebautizo fuimos al cine Súper y yo, junto con Mynerva y Hator a ver el melodramón de la temporada. Desde luego, no me esperaba esto de Amenábar. La película no está fatal, pero no me esperaba esto, que busca desesperadamente la lágrima del público en varios momentos con los típicos recursos de niño corre tras un coche, gaitas suenan mientras el prota ve lo bien que se lo pasa la gente en este mundo y cosas así, que no quiero destriparla a la gente que no la he visto. Bueno, si hay algo que destripar, que la historia ya es conocida por todos.
Así que, aunque estuve al borde de la lágrima en varios momentos, la lágrima se me volvió a meter pa’dentro en cuanto vi tal despliegue de medios para que la gente se viese obligada a sacar el kleenex. Y también, para los que se lo pregunten, Belén Rueda no lo hace tan mal (para empezar como empezó, haciendo coreografías en el Vip Noche).