Archivo para Septiembre, 2004

Mi experiencia Llongueras

Viernes, 17 de Septiembre de 2004

Ayer tuve mi sesión de embellecimiento capilar previa al otoño y no fui a Manu. No había pedido hora, por lo que me era imposible ir, y no dejaba de estar obsesionado con los pelos que me había visto esa mañana, así que ante tan gravísima situación decidí serle infiel. Perdóname Manu, pero mi cabeza lo pedía.

El salón elegido para la restauración fue Llongueras porque no hay que pedir hora. Me fui a la hora de comer y me metí en uno de sus salones cercano a mi trabajo. Sólo puedo decir que eso es otro mundo. Había un par de clientas de entre 45 y 65 años. A la más joven dos peluqueras le estaban arreglando las puntas y no paraba de hablar de que su hija había estudiado periodismo y no encontraba trabajo. Las estilistas no paraban de decir que “sí señora Fernández” y “no hay derecho”. A la más vieja le estaban haciendo la pedicura y la manicura. Ésta era de las que va todas las semanas por lo que pude escuchar en la conversación y, sobre todo, por el grado de pelotismo al que la sometieron. Y es que el grado de pelotismo en estos salones llega a cotas insospechadas.

El trato de extrema educación me pone muy nervioso, así que reconozco que lo pasé mal. Lo primero que me hicieron fue ponerme una batita de salón francés para ir a mis anchas por el local. Así que iko pasó a ser una más con su batita. Me llevaron a la zona de lavado de pelo donde la estilista novata empezó a hacerme el interrogatorio: “¿Prefieres este champú o este otro? ¿Te das mascarilla para el pelo? ¿Usas alguna crema capilar? Ahora te voy a dar un masaje para activar la circulación del cuero cabelludo. ¿Está así bien el agua? ¿La prefieres ahora fría?”. A continuación me asignaron a una estilista, en este caso a Marisa, y me dieron el catálogo Otoño-Invierno de Llongueras para que eligiese corte de pelo. Le eché un vistazo y elegí el corte que he llevado hasta ahora explicándole que quería una mezcla entre dos fotos.

Ahí ya empezó una de las conversaciones capilares más interesante que he tenido en mi vida. “Mira, es que a ti el pelo te cae mucho. Lo tienes fuerte, muy sano, lo alimentas bien, pero te cae mucho. Te voy a cortar un poco el flequillo de aquí, en diagonal, para que te lo puedas levantar y no caiga tanto. Y toda esta zona te la despunto”. Yo no paraba de decir que muy bien a todo. “A ti lo que te va es la cera. Tienes que darte cera en las puntas, para que el mechón te quede marcado.” Y ella seguía corta que te corta. Y yo, como siempre, que con la bata, el pelo mojado y las tijeras pasando de un lado a otro me sentía ridículo. “El pelo te cae mucho, así que para levantar toda la zona del cogote tienes que utilizar gomina. Luego, en el flequillo damos la cera. Qué guapo vas a quedar. Te voy a enseñar cómo te tienes que peinar en casa. Luego te digo varios peinados que te puedes hacer, que yo te enseño.” Yo ya en este punto no sabía qué decir y mi estilista que seguía emocionada de la vida con mi pelo.

En el final de la sesión renovación me preguntó si usaba secador y comenzó el momento peinado. Me explicó el peinado todopabajo, el peinado te levantamos el pelo del cogote, el peinado una pequeña cresta para arriba, el peinado te definimos las mechas y, como si de un examen se tratase, me pidió mi mano y me dijo: “Ahora hazlo tú”. Así que nada, cogí un poco de cera en mis manos y me puse a definirme las mechas ante la atenta mirada de la señora de la pedicura y la manicura y la directora del local.

En definitiva, lo de ir a un salón Llongueras fue una experiencia que me estresó un poco, sobre todo por recibir tanta atención, pero quizás vuelva y todo, que los secretos del peinado son muy útiles y Marisa me los desveló. Pero no llegan al coolism de Manu, que galletitas me ofrecieron, pero yogures no.

Vocoder

Jueves, 16 de Septiembre de 2004

¿Qué cara se le quedó a Madonna cuando descubrió que Cher se le había adelantado en el uso del vocoder? ¿Qué cara se le quedó a Cher cuando escuchó por primera vez su voz en Believe pasada por el vocoder de los Pitufos? ¿Qué secuelas sufrieron los fans de Cher por intentar imitar su voz en Believe? Años después, nos lo seguimos preguntando.

Los 80

Martes, 14 de Septiembre de 2004
Hay que ver qué pelos

Que no me cuenten milongas con la serie esta de Los 80 de Telecinco, que aunque yo era pequeño, creo recordar más o menos cómo fueron esos años y la gente no iba vestida de H&M. Que la cadena de moda sueca todavía no había llegado a España y el Amancio Ortega de Zara por aquel entonces se dedicaba a vender mallas en Galicia. Por eso no entiendo el rollo modelito neotodo que se han puesto los actores en la serie. Estará muy bien ahora, sobre todo para que todas las adolescentes se adentren en el maravilloso mundo de los calentadores, dignos sucesores de las cintas de pelo que tan de moda puso otra gran serie, Al salir de clase, pero desde luego no representan ni los trapitos, ni los peinados que se llevaban por esa época.

A esta conclusión llegué ayer viendo unas imágenes en el telediario en los que aparecía la Torroja, en los años 80, cantando no sé qué canción, pero con unos pendientes enormes. Los pendientes eran como dos yunques de los que colgaban cinco bolas de metal. No he encontrado esa imagen de la Torroja, pero he encontrado ésta otra, la que veis arriba, que demuestra cómo fueron los 80 de verdad. ¿No es espeluznante? Así que pequeños, no os dejéis engañar por la versión light que vais a ver en la televisión, que la realidad fue mucho peor.

La maldición

Lunes, 13 de Septiembre de 2004

De vez en cuando Supervago y yo protagonizamos unos shows que hacen las delicias de la gente que es testiga de estas performances. Una vez que empiezan, por cualquier cosa, es mejor apartarse que arrasamos con todos. El último gran show tuvo lugar este sábado en casa de Hator y Mynerva. Fue por culpa de un juego para adolescentes de la extinta serie de Compañeros. Hay cosas sobre las que es mejor no hablar cuando se llevan unas cuántas copas encima. De todas formas creo que en esa casa se cierne alguna maldición o así sobre nosotros, que vez que vamos, vez que la montamos.

El domingo, ya reconciliados, estuvimos perreando y alquilamos La Maldición, película que ya pasó por nuestras manos hace unas semanas en un videoclub, pero que no cogimos por culpa de una dependienta incompetente que nos dijo: “No, esta no cojáis, que me han dicho que es muy rara y hay que pensar. Mejor coged ésta (la de IT) que dicen que da mucho miedo y además hay que darle la vuelta al deuvedé.” Para matarla. Así que según íbamos viendo la película nos acordamos de ella y el buen rato que podíamos haber pasado ese fin de semana.

Las películas de terror no me suelen dar ya miedo, pero reconozco que ésta me sobresaltó en algunos momentos. El sonido tiene un papel fundamental, y es el que hizo que me pusiese nervioso. Unas bajas frecuencias constantes, desde luego no tranquilizan mucho. Así que ante la avalancha de cutrepelis de terror americanas, ver algo bien hecho, de factoría japonesa, se agradece.

Pero a lo que no paro de dar vueltas no es a la película, sino a una de las frases de 4 en Alicante, capítulo IV. “Ay mámá, estoy quemaaaaaaaadaaaaaa. ¿Qué va a pasarrrrmeeeee? ARRGGHGHGAAHG”. No paro de repetirlo veces y más veces. De hecho, esta mañana, antes de meterme en la ducha, lo he vuelto a decir. Obsesionado que está uno, oiga.

Cinta roja de pelo

Viernes, 10 de Septiembre de 2004

No doy crédito a mis ojos. En la última página del Expansión de hoy se puede leer que una norma laboral extrema de la cadena alemana de supermercados Lidl, acaba de anularse. Y tan extrema, que el texto dice que la práctica “obligaba a las trabajadoras de la cadena alemana de supermercados Lidl a llevar una cinta en la cabeza cuando se hallaran en el periodo menstrual, para poder ir al servicio cuando lo necesitaran”. Parece ser que los empleados del supermercado del carro lleno por 30 euros sólo podían acudir a aliviar sus necesidades en los momentos acordados en el contrato. Ni una vez más. Da igual que te estés meando o cagando, que si el jefe decía que no ibas, no hay tu tía.

Ya me veo yo, a todas identificadas en el Lidl con la cinta roja en la cabeza por la regla. Supongo que, entonces, si tienes diarrea te ponen una marrón y en caso de cistitis una amarilla. Yo conozco a más de uno que tendría que ir a trabajar con pañales.

Lo peor de esto serían los cuchicheos en el trabajo, en plan: “¿Te has fijado en la Menodora? Este mes no lleva la cinta roja. Seguro que ha follado sin condón con el bruto del frutero, ese chico, sí… como se llama… Auberto Laventana, y se ha quedado preñada. ¡Qué horror!” O peor incluso: “Fíjate en la pobre Pulqueria, con la cinta roja, la marrón y la amarilla. Todas a la vez. Pobre chiquilla”

Menodora, Metrodora y Mimfodora

Viernes, 10 de Septiembre de 2004
Menodora, Metrodora y Mimfodora

Hoy el blog toma un nuevo rumbo. Nuevos horizontes a los que mirar, nuevos contenidos, nuevos temas, nuevos enfoques… y qué mejor que empezar que con el santoral, porque hoy celebramos a Nuestra Señora de las Maravillas y a los siguientes santos:

Nicolás de Tolentino, confesor; Salvio, Salvino, Agapio, Auberto, Teodardo, obispos; Menodora, Metradora, Ninfodora, Nemesiano, Félix, Lucio, Liteo, Poliano, Victor, Dativo, Sóstenes, mártires; Teodardo, confesor; Francisco Gárate, (beato); Pulqueria, emperatriz.

Por cierto, que las de la foto son las hermanas Menodora, Metrodora y Mimfodora, que según leo fueron santas vírgenes hermanas, en Bitinia; las cuales en tiempo del Emperador Maximiano y del presidente Frontón (ojito con este nombre también), coronadas con el martirio, volaron juntas a la gloria. Con esos nombres, no me extraña que volasen. A saber qué se metían.

¿A que no hay huevos de poner Metradora a una hija? ¿Quién fue Pulqueria, emperatriz? Pobre Pulqueria, que con ese nombre no me extraña que no tenga película, como Sisí, y haya caído en el olvido. ¿Y Teodardo? ¿Hay algún lector que se llame Teodardo? Aunque el que peor lo tiene es Sóstenes, sobre todo con la manía que tiene la gente de no poner tilde. “Hola guapo, ¿cómo te llamas?”. “Sostenes”. “Ah, qué bien, yo Ninfodora”.

Si os aburro, me la pela

Jueves, 9 de Septiembre de 2004

Supervago me dijo ayer por teléfono que últimamente mi blog es un coñazo porque lo único que hago es organizar estúpidos concursos y escribir sobre cosas muy interesantes y de vital importancia para mí como: me ha picado un mosquito en el culo, me duele la pierna, me he levantado y he ido a trabajar, y otros apasionantes temas del pelo.

Pues sí, tiene razón. Reconozco que esto está más aburrido que nunca, que ya no me meto con nadie, que ya no hay carnaza, que esperáis ávidos sensacionalismo puro y duro y yo sólo os ofrezco escenas de patio de colegio. Esta caída en el amarillismo de las entradas se debe a falta de tiempo y una pequeña sequía de ideas. Pero a la vez estoy pensando en temas muy interesantes para el futuro como un estudio musical que estoy haciendo, buenísimo y superoriginal, pero que todavía no lo he terminado, así que nada. No adelanto nada más.

Y ya que algunos tanto os aburrís, a ver si para antes de la tarde retomo las encuestas. Preguntaré sobre los temas que creéis que debo tratar en un futuro y, de paso, os entretenéis dando al botón de votar y haciendo tongo.