Archivo para Agosto, 2004

Mi jardín zen

Jueves, 12 de Agosto de 2004

Jardin Zen

Fue uno de los regalos de mi cumpleaños y acabo de instalarlo en mi puesto de trabajo. Es un jardín Zen, como el de la foto pero sin margarita, que espero que a partir de ahora me ayude a relajarme cada vez que me pidan cosas imposibles para ayer. Ya me veo hablando con mi jefa mientras paso el rastrillo insistentemente por la arena. Además, si la relajación no funciona, siempre queda la alternativa de usar el rastrillo como arma intimidatoria.

Con el pack relajate-zen, viene un cedé que acabo de poner. Sobre sonidos de olas se escuchan melodías de restaurante chino. No sé hasta qué pista lo aguantaré. De todas formas, quizás el secreto está en dejarse llevar, poner en blanco la mente, y mover repetidamente el rastrillo por la arena.

Viaje eterno

Miércoles, 11 de Agosto de 2004

Nunca se me había hecho el viaje en metro, desde mi casa al trabajo, tan largo. Cuatro paradas eternas. Según iban pasando era más consciente de que el verano se estaba terminando, al menos para mí. Ya estoy otra vez sentado en mi silla en la oficina.

Misión imposible

Lunes, 9 de Agosto de 2004

Estoy sumido en un espantoso síndrome fin de vacaciones de verano, sentado en un asiento de un tren, en no sé qué parte de la Península. Esta tarde regreso a Madrid y tan sólo tendré el día de mañana para irme habituando a la ciudad antes de volver al trabajo el miércoles. Sólo de pensarlo me entran ganas de llorar. ¿Qué va a ser del pobre iko cuando tenga que madrugar de nuevo?

He pasado en total ocho días en Pamplona, que no está mal en proporción con el mes de vacaciones. No he hecho nada en especial y supongo que la mayor parte del tiempo se me ha pasado vagueando. Entre las cosas que quería hacer estaba mantener una conversación a solas con mi hermana pequeña. Está completamente alocada, en la edad del pavo, con cinco asignaturas para septiembre. Ha sido la primera vez que ella ha estado menos tiempo en casa que yo. No había forma de hablar un rato con ella para que me contase qué tal le va la vida, así que la cogí por banda ayer y me la llevé a tomar algo.

La verdad, no me dijo ni le saqué grandes cosas. Hice el papel del típico hermano mayor, le animé para que estudie en septiembre y el resto del año, le pregunté por sus amigas y por sus novios. Pero nada, se limitó a decir lo que me imaginaba que iba a decir. A ver si la próxima vez consigo sacarle más información.

En cuanto a mi particular misión imposible para que deje de escuchar las latinadas y los berridos andiluqueños de la radio, va de mal en peor. Fatal. La de Tom Cruise era hacer punto de cruz en compración con esto. No hay nada más difícil en este mundo que hacer razonar a una treceañera hiperhormonada. Los avances son nulos y si en Navidades se mostraba reacia a escuchar al Ubago y a los Andy y Lucas, ahora le encantan. Pero además baila por la casa todas las canciones del verano que han salido. Me he quedado horrorizado.

Ahora volveré al torramiento agostil de Madrid. De nuevo me enchufaré al aire acondicionado de casa y del trabajo. El trabajo, otra vez en la cabeza. Me da miedo la lista con cosas por hacer que está esperando a que vuelva. Qué mierda.

El Barco es el infierno

Domingo, 8 de Agosto de 2004

Cada vez tengo menos paciencia musical. El retiro playero lo pasé en Noja, un pueblo de la costa cantábrica, destino de domingueros y familias de vacaciones en agosto. Con semejante población era de esperar que los bares del pueblo, adapatados a la invasión veraniega, fuesen lo peor. No puedo, no soporto a King Africa, y en los dos únicos días que salí de marcha, lo escuché hasta el vómito. El resto de canciones también me producían arcadas. Mis amigos, lógicamente, se quejaron por las caras que ponía en todo momento, de sufrido y aburrido, pero no era para menos.

La gente de los bares estaba compuesta por imberbes de 18 años y chicas de collar de pelas. Entre ellos hacen intercambio de lenguas. Por este lado tampoco había ningún interés.

Pero lo peor no estaba en los bares, sino en una discoteca. Definitivamente, el infierno existe y está en Noja. Es una discoteca llamada El Barco donde se agolpan machos hiperviolentos berreantes a la búsqueda de hembras. La música era más de lo mismo, pero con el sufrimiento añadido de tener que soportar las escenas patéticas de los simios marcando territorio. Creo que al final de la noche llovieron los vasos y todo.

De todas formas, no todo ha sido negativo. Intenté coger algo de color en la playa. Íbamos todos los días por la tarde, excepto el último que para que nos diese algo más el sol nos plantamos en la arena por la mañana, pero todo ha sido en vano. La próxima vez bajaré un poco el grado de protección de la crema, que ya he comprobado que con una protección 30 es imposible ponerse moreno. Las actividades en la playa se limitaban a saltar las olas de vez en cuando, echarse una pequeña siesta en la arena y leer algo. He disfrutado de no hacer nada.

Cómo volver de la playa blanco

Viernes, 6 de Agosto de 2004

Ingredientes: Arena, agua de mar, toalla, sol, nube y crema solar de protección 30.

Preparación: Estar igual de blanco que en invierno tras una semana en la playa no es nada difícil. Lo único que hay que hacer es extenderse a conciencia una buena capa de crema de protección 30 por la piel antes de pisar la playa cada día, y no hay rayo de sol que traspase la barrera. De todas formas, por si la crema fallase, ir a partir de las 5 de la tarde nos ayudará a seguir blancos, blancos. En vez de elegir el Caribe, si vamos a una playa del Cantábrico, con un 50% de días lluviosos, el seguir blanco ya es seguro.