Archivo para Agosto, 2004

Puntualísimo

Lunes, 23 de Agosto de 2004

No puedo dejar de escuchar Puntualísimo, tema extraido del último disco de Chico y Chica, Status. Se han superado. Ya teníamos dos capítulos previos de los 4 en Alicante, el Capítulo IV en su propio web, pero con Puntualísimo han hecho algo que no tiene desperdicio. Lo estoy escuchando tanto que creo que queda muy poco para aprendérmelo enterito de memoria.

Lo más destacable, si se puede destacar sólo una parte, es “la chica esa de Toledo tan famosa, cómo se llama, Juana Alfeizar”. Y lo peor de todo es que esta noche, medio en sueños, cada vez que me despertaba empezaba a cantar el “laaaaaaaa, la, la, la, la, la, laaaaaaaa”. ¡Quiero conocer a Juana Alfeizar! ¿Tendrá blog? Seguro que sale al escenario con una guitarra.

Cajeras banqueras

Viernes, 20 de Agosto de 2004

Estoy conmocionado porque leo en Expansión: “Dia lanza créditos personales y convierte a sus cajeras en ‘banqueras’”. Pero vamos a ver, ¿alguien ve a las bordes del DIA concediendo créditos? Nadie los va a pedir, porque ante la pregunta de “¿Y para qué coño quiere usted 150 euros?”, la gente, asustada, se va a echar a llorar y se va a ir. ¡Pero si te gritan por preguntar dónde están los yogures, qué no van a hacer de banqueras!

En la noticia se dice claramente que “Dia ha optado por facilitar los trámites burocráticos y convertir a sus cajeras directamente en empleadas de banca. Son ellas las que se encargan de gestionar el dinero, recoger los datos de los interesados y conceder los préstamos más pequeños”.

Ya sabéis los que estudiéis LADE o Económicas, a partir de ahora las prácticas las hacéis en la caja del DIA.

iko esquimal

Viernes, 20 de Agosto de 2004

Cómo pescar en el hielo

Creo que poco hay que comentar en esta foto. Me la sacaron pescando en el hielo en Finlandia, hace más de un año, haciendo el esquimal y, ahora que es verano, no he encontrado nada más refrescante. Pescar, lo que se dice pescar, no pesqué nada, pero creo que es uno de las mejores fotos que me han hecho nunca. Entre el agujero en el hielo, la caña de pescar tamaño Pin-y-Pon y la silla asesina que no se estaba quieta, en pocas situaciones me he sentido tan ridículo. De todas formas, como en esta vida hay que hacer de todo, esta es una cosa menos en la lista.

Divagar

Jueves, 19 de Agosto de 2004

Podría haberme levantado hoy mucho peor. Ayer fui a una cena en casa de Galleta. Ensaladas, sobrasada, vino y cerveza. Esta mañana, las marcas de las sábanas en mi piel eran la evidencia de que esta noche no he movido un dedo mientras dormía. El café lo he puesto doble y me acabo de tomar otro. Sólo es cuestión de tiempo que el sueño comience a hacerme estragos. Y voy y me pongo a Mecano para venir a trabajar. “Hoy no me puedo levantar”. La verdad es que ese disco es un tanto cutre. He dejado cada canción un minuto antes de pasar a la siguiente. Lo he cogido porque llevo un mes con los mismos discos y empiezo a estar un poco harto. No paro de cantar “Present Lover” de Luomo. Hace unas semanas me pasó con “World in Motion” de New Order. Es la canción de la semana, aquella que no dejo de tararear, con la que me acuesto y levanto. Y mientras llegaba a la puerta del trabajo he pensado el buen día que hace, con sol y viento fresco, sin calor.

Esta película la ves tú

Miércoles, 18 de Agosto de 2004

Pedir recomendaciones a los dependientes de los videoclubs es muy arriesgado. Según el tipo de videoclub y, sobre todo, según el videoclubero o la videoclubera las consecuencias pueden ser nefastas. Creo que no había película peor en todo el videoclub y, a pesar de todo, la encargada nos la recomendó el domingo a Automatique, Nani, Supervago y yo. “Ésta no la cojáis que es un aburrimiento, coged esta otra (It de Stephen King), que dicen que da mucho miedo”. Lo que me gustaría ahora es coger el deuvedé con su caja, tirárselo a la cabeza y decirle: “Esta película la ves tú”.

¿Álguien sabe qué es sufrir 180 minutos de película espantosa, sin ritmo ni gracia, llena de flashbacks y de momentos “La casa de la pradera”? Ella desde luego parece que no pero, si no sabe recomendar una película, que se calle. La próxima vez que me hagan algo así, la película la devuelvo arrojándosela a la cara.

No hay quien maneja mi barca (la otra versión)

Martes, 17 de Agosto de 2004

Circula por internet una versión de lo que hice ayer en el Retiro, exactamente de mi aventura en una de las barcas del estanque, pero “la cuentan mal”, “está mal”, “lo describen mal”, “mal”. Qué rabia me da.

Pero antes de llegar al momento en el que mi vida peligró en el estanque de agua inmunda, tengo que relatar lo que ocurrió durante el día entre Supervago y yo.

Nos despertamos relativamente pronto, a eso de las 10.30 A.M., porque el día de antes Supervago había hablado sobre la posibilidad de ir al parque acuático. Yo, como suele ser habitual, estaba en la gran duda. No me apetecía mucho ir pero tampoco me desagradaba la idea. Pero el tiempo eligió por nosotros. Unas cuantas nubes y un poco más de viento nos hicieron desisitir y nos quedamos en mi casa tomando café con leche condensada. Qué rico que está.

Se acercaba la hora de comer y no me apetecía nada quedarme en casa, así que le propuse a Supervago que saliésemos a comer fuera y, que más tarde, fuésemos al Retiro. Supongo que ahí comenzó a maquinar mi accidente, sencillo, sin complicaciones, el agua tóxica lo haría todo.

Recorrimos un buen trecho de Bravo Murillo buscando un restaurante donde comer algo. Lo que no estaba cerrado, o tenía muy mala pinta o era muy caro, así que terminamos en un minichino donde nos sacaron agua en la jarra más hortera que he visto en toda mi vida. Unos motivos de pasta italiana estaban impresos sobre el cristal y, entre macarrones y otras cosas, se podía leer “pasta”.

Salimos del restaurante y cogimos el metro para ir al centro. Teníamos que visitar las paradas obligadas de Madrid Rock y Fnac. Y según pasaban los minutos iba notando el cambio. Supervago quería pegarme. Deseaba cogerme y tirarme al suelo. Veía su mano acercarse en todo momento. Las agresiones iban aumentando. En definitiva, que al final llegamos al Retiro cada uno por su cuenta tras nuestra separación en la estación de Sol.

Primero llegó Supervago, así que le dio tiempo a terminar de maquinar mi fin. Sería en una barca. Por 4 euros tendría 40 minutos para intentar tirarme al agua. Llgué yo al cuarto de hora. La entrada estaba comprada y me invitó a subir con él. Él remaría, entre otras cosas porque yo no he remado en mi vida y no sabría hacerlo, pero él tampoco sabía.

No parábamos de dar vueltas en círculo, en la zona del muelle, sin ir ni adelante ni atrás. Supervago me decía que le ayudase, pero yo no podía. Nunca había cogido un remo. Al final, los bordes de los encargados nos dieron un empujón y salimos directos al estanque. Todo iba bien, sorteábamos otras barcas, nos acercábamos a lo más profundo del estanque. Y ahí fue cuando se emperró en que nos cambiásemos de asiento para que remase yo. Pero yo no pensaba levantarme de mi sitio. Tras tanta agresión durante el día, era muy sencillo que, una vez de pie, me diese un empujón para caer en el agua tóxica. Pero él lo intentó, dijo que me cambiase, que me pusiese donde él. Ante mi negativa, lo que hizo fue zarandear la barca. Quería verme mojado, tirado, abandonado en el estanque. Me agarré y no lo consiguió. Qué mal. Qué asco si me hubiese caído ahí.

Durante los siguientes minutos me hice dueño de los remos y encaminé la barca otra vez a la zona de los muelles. Para ser la primera vez, no lo hice tan mal. Hasta que no nos bajamos de la barca no respiré tranquilo por ver que el plan de Supervago había fracasado. Al menos, por esta vez.

Sim City, 15 años después

Sábado, 14 de Agosto de 2004

Pedazo ordenador

Mi primer ordenador lo tuve con 10 años, en el 88. Era una Atari PC3, con un procesador Intel 8088 a 8 Mhz, 640 Kb de memoria RAM y sin disco duro. Lo mejor era su monitor monocromo en naranja y negro que le daba un toque muy futurista y el sonido de bleeps, bleeps. El modelo era el de la foto y ahora no sé por dónde estará.

En este ordenador descubrí SimCity, el juego de construir ciudades que me enganchó completamente. No sé cuántas horas llegué a pasar diseñando una ciudad, construyendo las carreteras, las zonas industriales y residenciales, los parques y todo lo demás. Ahora, no paro de jugar al SimCity 4, la última versión del simulador. Llevo unos días que no paro. He construido ya una ciudad de 50.000 habitantes muy industrial y otra ciudad dormitorio con muchos jardines y mansiones.

Me da la impresión de que, 15 años más tarde, seguimos jugando a los mismos juegos.