Archivo para Julio, 2004

Descanso playero

Viernes, 30 de Julio de 2004

Sol, alga, medusa, arena, pala, cubo, chancla, agua, sal, niño, madre, niña, tía, padre, balón, toalla, cremita, helado, piel cangrejo…

Durante los próximos días no actualizaré por descanso playero. Hasta pronto.

Bañadores de palmeras

Jueves, 29 de Julio de 2004

Mañana me voy a la playa con mis amigos. Estoy decidido a volver al trabajo como un conguito, a pesar de la protección solar 30 que me pongo. Moreno, lo que se dice moreno, creo que no estoy desde hace 5 años, así que ya va siendo hora de cambiar un poco de color de piel.

El único inconveniente para ir a la playa es que el bañador se me olvidó en Madrid. Sabía que se me olvidaba algo mientras estaba haciendo la maleta. Siempre se me olvida algo. El naturismo todavía no lo he practicado, aunque no tengo ningún inconveniente, pero la playa a la que vamos creo que es de esas en las que hay que ir tapado. Ahora tendré que salir a comprarme uno y creo que lo quiero con palmeras. Algo así cutre, que últimamente da mucho glamour.

Por los parques

Miércoles, 28 de Julio de 2004

Hoy me he tirado por los parques de la ciudad para leer. En la segunda quincena de julio, Pamplona se convierte en algo parecido a una ciudad desierta, así que las posibilidades de diversión diurna (y nocturna) son muy limitadas. Todo lo divertida que puede ser en San Fermín, lo tiene de aburrida tras esas fechas. Así que, tras comer con unos amigos en uno de los pocos restaurantes que estaban abiertos, me he encaminado a un los parque y, bajo la sombra de un árbol, he leído un rato. En la EGB nos enseñaron a diferenciar bastantes clases de árboles, pero eso ya lo tengo olvidadísimo. Probablemente las neuronas que lo almacenaban murieron víctimas del vodka, o cualquier otra bebida alcohólica, una noche en la adolescencia.

Si en mi casa en Madrid puedo aguantar horas sin moverme, en casa de mis padres es algo completamente imposible. Me agobia quedarme. Cualquier excusa u oportunidad es buena para salir un rato. Sobre todo ahora que lo que era mi habitación está completamente ocupado por trastos, juguetes diversos y ropa de mi hermana y mis padres. Todavía quedan libros y papeles que abandoné aquí, pero cada vez que vengo es más difícil encontrarlos.

Mirando a una estantería acabo de ver mi diccionario Latín-Español que me acompañó durante tres años y, justo al lado, un libro de Elige tu propia aventura. Se titula “¿Quién mató a H. Thrombey?”. Sin duda, todo un redescubrimiento. Me voy a leerlo un rato.

Golosinas

Martes, 27 de Julio de 2004

Viajar en tren me encanta. Siempre que vuelvo a Pamplona lo hago en tren, algo mucho más cómodo que meterse en los autobuses de la Continental, sin espacio entre asiento y asiento, por unas carreteras espantosas durante las 5 horas más largas que cualquiera pueda imaginar. Así que, a pesar de que es bastante más caro que ir por carretera, siempre que se me presenta la oportunidad elijo el Altaria.

Esta vez en el tren me tocó como compañera a una chica que estaba entre el electro y el pijerío, una combinación muy extraña. Su equipaje de mano era una botella de agua de 50 cl., un libro, un móvil que de vez en cuando atronaba y una bolsa de H&M en la que escondía un montón de nubes y gominolas. Reconozco que me dió bastante envidia. Yo también quería una bolsa así. Cada media hora, atacaba la bolsa para llevarse disimuladamente las nubes a la boca. Creo que comió golosinas en tal cantidad que dudo mucho que le quedasen ganas de tomar algo más al bajarse del tren.

Yo hace tiempo que no compro gominolas, a pesar de que me encantan. En mi top ten de golosinas estarían: los sugus, las moras, las gominolas de toda la vida, los tronquitos y unos caramelos mascables de regaliz a los que me enganché cuando tenía 14 años. Con estas cosas lo mío era pura adicción. En cuanto empezaba no podía parar de comer y al final me dolía la tripa de tanto azúcar. Aquello sí que era comer compulsivamente.

Maratón cinematográfica

Domingo, 25 de Julio de 2004

Bush y Kill Bill

El viernes por la noche asistí junto a Supervago a la maratón de estrenos cinematográficos. No queríamos dejar las películas que queríamos ver para otro día, así que compramos entradas para Farenheit 9/11 y Kill Bill Vol.2. Primero de la Moore y después la de Tarantino con dos horas de descanso entre las dos para llenar el estómago.

Farenheit 9/11
Tras el exitoso Bowling for Columbine, Michael Moore vuelve con otro documental para dejar a Bush Jr. y su familia a la altura del betún. Sólo él es capaz de mostrarnos cómo The President of the United States of America leía el apasionante el libro Mi mascota la cabra una vez que le informaron sobre los ataques a las Torres Gemelas. Un filme, sin duda, muy politizado, en absoluto objetivo, pero que lleva a la reflexión y que demuestra que la novela 1984 de George Orwell está más vigente que nunca.

Kill Bill Vol. 2
Hace un par de semanas Supervago y yo vimos la primera parte de la entrega y en cuanto terminó supimos que debíamos ver la segunda parte el día del estreno. No podíamos esperar más. Teníamos que saber qué pasaría con Bill.

Siempre he odidado las películas de artes marciales, si exceptuamos Tigre y Dragón, pero las dos partes de Kill Bill le dan cien mil vueltas a cualquier otra película de katanas y kung-fu que se haya visto hasta ahora. Esa atmósfera que va entre el western, el comic y la película de serie B, hacen de este filme una historia que se disfruta desde el principio al fin, sin cabida para el aburrimiento. Si la primera parte de Kill Bill fue la de la acción, la segunda es la del diálogo y la explicación.

En cuanto salga un pack con los dos deuvedés, me lo compro. Mientras tanto seguiré recordando situaciones, diálogos y, sobre todo, personajes redondos.

Esos que van de modernos

Viernes, 23 de Julio de 2004

El miércoles por la noche, en ese local de tan difícil nombre llamado El perro de la parte de atrás del coche, actuó el grupo argentino Entre Ríos. Hasta entonces no los había escuchado y la única referencia que tenía es que su música suena a indietrónica, aunque a mí me parecieron más bien un grupo pop.

Lo que me impidió disfrutar del concierto tranquilamente fue el griterío reinante. No me cabía en la cabeza, y sigo sin entenderlo ahora, como puede ir tanta gente a un concierto para hablar y reír a grito pelado, continuamente, incesantemente, sin prestar el mínimo interés al concierto pero, eso sí, bien que aplaudían al terminar cada canción. ¿Cómo se puede aplaudir si no se han enterado de nada?

Estos modernetes y modernetas que van, porque hay que ir y es lo más, pero luego muestran esta actitud, molestando a los que queríamos escuchar el concierto, me parece lo peor. Aunque más me irritó esto en el último concierto de Nosoträsh con un grupo de energúmenos que no paraban de vocear. Eso sí, luego a fardar delante de sus amigos de todos los conciertos a los que asisten. Y a uno que le entran ganas de liarse a puñetazos.

Adam Green I love you

Jueves, 22 de Julio de 2004

Los Moldy Peaches

Adam Green y los Moldy Peaches son de lo mejor que le ha pasado al panorama musical en los últimos años. Amigos de los Strokes, y de Nueva York, los Moldy Peaches hacen un antifolk gamberro. Son como los Chico y Chica de allí.

Adam Green es su líder junto a la cantante que más berridos ha soltado en un disco, berridos en el sentido literal de la palabra, Kimya Dawson. Como todo el mundo en Nueva York, tiene blog y lo actualiza varias veces al día.

Estos días de torramiento generalizado por la nueva ola de calor que nos llega del Sahara, he decidido recuperar los discos de este grupo y el de Adam Green. De hecho, voy a bucear un poco más en el anterior disco en solitario de este chico que me encanta. Me gusta incluso físicamente. Adam Green, si lees esto, que sepas que quiero acostarme contigo. Hay que ver lo que me gusta el frikismo en el escenario, porque cuando lo vi brazo en jarra en su concierto de Madrid, teloneando a Belle&Sebastian, me pareció lo más.

Who mistook the steak for chicken?
Whom I gonna stick my dick in?

En fin.