Archivo para Febrero, 2004

29 de febrero

Domingo, 29 de Febrero de 2004

Hasta dentro de 4 años no volveremos a tener esta fecha tan extraña que es el 29 de febrero. Supervago ha organizado una fiesta en mi casa para celebrarlo, pero se ha quedado en una pequeña reunión porque sólo hemos estado Nu, Supervago y yo.

La invasión del norte

Sábado, 28 de Febrero de 2004

La invasión del norte que llegó para ver a Death Cab for Cutie ya se ha producido. Mis 32 metros cuadrados están totalmente ocupados por maletas, ropa desperdigada, colchonetas y alguna que otra sorpresa más. Se puede decir que es lo de siempre pero multiplicado por cuatro. Algún día de estos me propondré en serio lo de ser más ordenado.

Ahora se supone que debería hacer una pequeña crítica del concierto, pero no quiero caer en los tópicos de siempre, así que paso.

Los Death Cab for Cutie son tímidos pero tenían muchísimas ganas de ligar y en absoluto grunge para venir de Seattle. A lo largo de la noche, no dejaron de lanzar mensajes bastante directos a las féminas del local. No sé si después les dio resultado, al menos no creo que ninguna se hubiese opuesto a pasar la noche con Christopher Walla, guitarrista, que es el más guapo del grupo, rubito y delgadito. Cada vez que hablaba al público miraba al suelo. Estas muestras de timidez extrema me parecen enternecedoras.

La jornada con los invasores del norte ha continuado hoy con un intento de a comprar trapitos. Lo propusieron ellos, pero en ningún momento han estado motivados. El único que miraba cosas era yo y así ha pasado que he sido el único que se ha comprado algo: un jersey. Noto como la fiebre consumista vuelve a resurgir en mí. Confieso que ayer me compré unas gafas de sol de esas grandes tan modernas que se llevan ahora, y cuando esto empieza es muy difícil pararalo. Me quería comprar también un par de zapatillas nuevas, pero como los invasores no estaban motivados no me he visto con ganas de probarme ninguna. En estos momentos me hubiese gustado estar con Patata para que me asesorase en el complejo mundo del calzado.

Ahora dicen algo de un secuestro, una oreja y pedir un rescate…

El parto

Viernes, 27 de Febrero de 2004

Ahora entiendo más o menos lo que debe sentir una mujer en el momento del parto. Como ya dije ayer, hoy era el día del alicate y tal como me temía, me han sacado el tubo que ha estado conmigo en el último mes y medio.

Yo era el más joven de todos en la sala de espera del urólogo. Me ha llamado la antención ver a un señor de unos 50 años leyendo la Penthouse tan tranquilamente junto a su mujer, la típica maru. ¿La comprarían por los reportajes? Supongo que habrán ido por algún tipo de disfunción eréctil o falta de apetito sexual.

Pero volvamos al tema del tubo. Me han tenido esperando una hora más o menos, hasta que la enfermera ha dicho mi nombre por megafonía. Con la voz más temblorosa que la de la Duquesa de Alba he entrado en la consulta y ahí estaba el doctor Hildalgo esperándome, sonriente, para pasar a decirme: “Bueno, pues vamos a quitar el tubo”. Ahí ya me ha entrado la risa tonta, como suele pasar en los momentos de estrés extremo y no sé ni lo que he dicho, porque lo siguiente que ha pasado ha sido verme tumbado en una camilla de esas de tortura, con las piernas levantadas, despatarrado, desnudo, y con las caras del doctor Hidalgo y la enfermera que seguían sonrientes.

El siguiente proceso no sé cuánto ha durado, pero se me ha hecho eterno y lo puedo calificar como uno de los peores momentos de mi vida. Lo primero que ha hecho el doctor ha sido ponerse los guantes y coger un tubo metálico que parecía un objeto de tortura de ikines. No podía mirar más. Con los ojos cerrados me han metido el tubo ese metálico por mi pobre pene y, sintiendo una sensación de lo más desagradable, dolorosa, han estado urgando un buen rato. Claro, con lo que soy yo para estas cosas no he parado de gritar y quejarme. No sé si el doctor me ha dicho algo de que no gritase o yo que sé porque no me enteraba de nada, sólo podía pensar en lo mal que lo estaba pasando. Pero el final, como todo, ha llegado. He notado como sacaban estirando rápido el catéter. El doctor ha gritado que ya estaba y ahí que me he levantado un poco la cabeza y los tres nos hemos quedado mirando al tubito como si de mi hijo se tratase. Yo sonriente, la enfermra sonriente, el doctor sonriente, las tres cabezas mirando el objeto. Mi pequeño no deseado que habrá terminado en el cubo de basura.

El día del alicate

Jueves, 26 de Febrero de 2004

Otro día en el que no he parado en el trabajo, y casi hasta lo agradezco porque tanta actividad ha hecho que casi no piense en que mañana será el día del alicate. Me toca volver a la consulta del urólogo para ver si me quitan de una vez el catéter que me dejaron puesto tras la operación de enero y es más que probable que la extracción la hagan mañana. El pequeño problema es que para quitarme el catéter tienen que introducir unos pequeños alicates por mi pene hasta la vejiga y de sólo pensarlo, me mareo. Hasta he tenido pesadillas.

Espero estar bien para la tarde porque este fin de semana Albertopues, Etayo y David se alojarán en mi hogar. Vienen al concierto de Death Cab for Cutie al que si todo va bien espero ir.

No quiero que llegue mañana. Ya me he puesto nervioso.

Exfoliado

Miércoles, 25 de Febrero de 2004

He tenido un día de inspiración creativa en el trabajo y casi no he parado. Así estoy ahora, que me caigo de sueño, aunque todavía me tengo que levantar una vez más para el pis de antes de dormir, cepillarme los dientes y echarme el gel exfoliante. Lo del exfoliante es algo que he añadido a mi cuidado facial en esta última semana. Bueno, eso y el gel limpiador, porque la crema antiojeras y el bálsamo antiestrés ya lo venía utilizando desde noviembre. Cada vez me veo más cerca de un lifting y eso que todavía no lo necesito, pero es que me aterra que cualquier día de estos mi cara de niño me abandone y aparezca la primera arruga.

La utilidad de Orkut

Martes, 24 de Febrero de 2004

Es el club de moda en internet, se llama Orkut y sólo se puede acceder por invitación. Entré a él gracias a Bemorth y tras 5 días de uso intenso creo que puedo empezar a hablar de este proyecto que, en un principio, no sabía muy bien para qué servía.

Sus creadores, afiliados al oráculo Google, dicen que es ‘una comunidad de amigos que conecta a los individuos en una red social que crece persona a persona’. Tras leer esto os habréis quedado como yo, con cara interesante pero sin entender nada, así que vamos a dejarnos de teorías para pasar a ver la verdadera utilidad de esto.

1. Conocer la cara del bloguero que tanto lees:
La mayoría de los blogueros se muestra bastante reacia a mostrar el careto en su página, pero Orkut parece haber llevado una ola de desinhibición porque han conseguido que casi todos coloquen una foto personal en esta nueva comunidad para el deleite del resto.

2. Meter fichas al bloguero que está que cruje:
Como consecuencia directa de la primera utilidad, una vez vistos los caretos podemos elegir al bloguero o bloguera más buenorro y comenzar a inundar su página con comentarios para que acabe perdidamente enamorado de nosotros. De todas formas, si uno no se atreve al ataque directo, Orkut tiene una opción que me parece maravillosa. Apretando un botoncito le dices a la herramienta que estás interesado en tener algo más que amistad con cierta persona. Ésta nunca sabrá que estás babeando a no ser que babee también por ti y haya apretado tu botón del amor. La mejor opción para los más tímidos.

3. Ver a los competidores por el bloguero que cruje:
Orkut los llama friends, pero ahí hay que ver competidores en tu misión de cacería. En el fondo ellos quieren lo mismo que tú y has de ser más listo que ellos. Algunos pueden ser sin más amigos, pero no hay que bajar la guardia.

4. Conocer a gente con los mismos gustos raros, raros, raros que tú tienes:
Da igual lo friki que seas, que seguro que hay un grupo de personas dispuestas a acogerte y si no, lo montas, que alguien como tú aparecerá. Entre las comunidades más extrañas que he descubierto en Orkut está la de los “amantes del Listerine”, los hombres orgullosos de tener “pelo en la espalda”, tras el incidente de la Super Bowl, los damnificados por “prendas de vestir embarazosas”.

5. Que tus padres se enteren de que eres gay:
Ya existe la comunidad de los que Orkut ha sacado del armario. Que uno se cree que en esto van a entrar los 4 frikis de siempre y acaba recibiendo una invitación tu madre para descubrir que te lo montaste con todo el equipo de baloncesto del instituto. Al menos te dejarán de dar la lata con el “a ver cuando te echas novia…”

Esta red social tiene más posibilidades, entre ellas la de conocer a gente nueva, pero esas las podéis comentar vosotros.

Quiero matizar que, aunque no he dejado de hablar de blogueros, Orkut está abierto a todo el mundo que reciba una invitación de un amigo que ya esté dentro, pero por lo que se ve los que tenemos blog nos hemos apuntado en masa.

Reencuentro con Heidi

Martes, 24 de Febrero de 2004

Me he despertado de un sobresalto a las 6:30 de esta mañana y no me he vuelto a dormir. Supongo que estaría soñando con hospitales, que es mi pesadilla más recurrente en este momento por eso de que el viernes me toca volver.

Lo primero que he hecho sin salir de la cama ha sido ponerme la canción You can have it all de Yo La Tengo. Ayer me acosté con su disco And Then Nothing Turned Itself Inside-Out y toda la noche he estado dando vueltas a esta canción. Me he quedado mirando al techo y escuchando el paparabarara tan característico de este tema. Todavía era muy pronto para poner un pie fuera de la cama. Me he empezado a quedar otra vez dormido así que para no llegar tarde al trabajo, como es habitual en mí, he decidido poner la tele. Un poco de actualidad en el Nododiario de La 1 que me ha proporcionado la cantidad diaria recomendada de discurso pepero y he pasado a hacer zapping. Ha sido la mejor decisión de toda la mañana porque, en Telemadrid, estaban echando Heidi.

Me he quedado embobado frente al televisor viendo el capítulo en el que Heidi vuelve a los Alpes una vez que ha abandonado a Clara en Frankfurt. He recordado a varios personajes que tenía olvidados como el mayordomo Sebastian (nombre típico de mayordomo en las series) y casi lloro, de verdad, cuando la pequeña se reencuentra con el abuelito.