3 cabezas en el monitor
Miércoles, 21 de Enero de 2004No me lo podía creer cuando anoche, a eso de la una de la madrugada, suena el timbre y en la pantalla del portero automático veo tres cabezas: Patata, Claudio y Supervago. Estaba adormecido y tardé en reaccionar. Lo primero era vestirme con algo, que no era lo suyo recibirles con tan sólo unos boxers ajustados. Busco camiseta y pantalón por el suelo de la habitación. Para el pelo ya no hay tiempo y para arrinconar todas las revistas, libros y ropa que cubren el suelo tampoco. Llaman a la puerta, abro la puerta y ante mí aparecen los tres supercontentos y con cierto olor a ron.
Patata está estupenda. No para de repetir que lleva ropa prestada y Claudio me enseña con su cámara de fotos lo bien que había desfilado. Pero la cámara oculta algo más… una foto de Raúl. ¡Horror! Sí, el Raúl ese que baila fatal y canta cosas para quinceañeras. Y pensar que justo cuando llamaron en Alerta 112 una prostituta decía cómo sacar 400 euros en un día. En la televisión ya es el turno de Michael Jackson y sus fans españolas que le siguen en sus aventuras en los tribunales y Claudio emocionado con ese fenómeno fan, diciendo que ahora es el momento de hacerse fan del amigo de los niños. Yo como que escucho un poco todo pero no me acabo de enterar de que ya no estoy en la cama y hay gente en casa. Supervago dice algo de una foto con DJ Kun. Patata ahora saca de una bolsa gigante unos zapatos. Se van tras unos besos en el aire y Supervago y yo nos vamos a la cama. Supervago no se puede dormir. No para de dar vueltas.
Ya he vuelto de la peluquería recomendada por Patata, con francés que cruje, y todavía no sé si me gusta lo que me ha hecho Manu o no. El salón, llamado “Le Salon” (muy original), es un lugar muy kitsch, con luces intermitentes por alguna columna, sillones de los 60 y vaporizadores de abuela. Te atienden muy bien, pero no sé si he hecho el gran error de decirle a Emmanuelle que quería dar un cambio, eso sí, conservando el flequillo. En estos momentos lo único que puedo decir es que mi año cañí se ha ido al garete y que estoy en plena regresión a los 80.
Hoy hace exactamente un año que comencé este blog. Lo hice sin pensarlo mucho, porque sí, porque me apetecía y con el convencimiento de que lo iba a abandonar. Y casi sin enterarme han pasado 365 días.