Archivo para Septiembre, 2003

Reafirmación

Martes, 30 de Septiembre de 2003

Llega un momento en el que uno se empieza a obsesionar con las visitas. Todos los meses bato récords y mientras esas visitas son tan solo unos números en las estadísticas del servidor no pasa nada. El problema llega cuando se empieza a conocer a las personas que hay detrás de esos números.

Estos días he conocido en persona a más gente que lee este blog (saluditos a M. y su amiga, me hizo ilusión saber quién estaba detrás de aquel mail). Mi primera reacción fue llevarme las manos a la cara. No tenía de qué avergonzarme, pero una chica que yo no conocía había estado leyendo todo lo que escribo casi a diario. De todas formas, si uno publica su vida en internet sabe que se va a tener que enfrentar a situaciones así.

¿Y para qué escribo todo esto? Para reafirmarme en la idea de no censurarme, de a la hora de escribir olvidarme de que estáis ahí y poner lo que verdaderamente pienso aunque haya a gente que no le guste. Este es mi lugar en internet, mi pequeño proyecto que quiero que poco a poco vaya creciendo y no puede morir por un ataque de timidez.

Sin avances

Lunes, 29 de Septiembre de 2003

Otra vez han vuelto los sueños eróticos, aunque tenerlos en casa de mis padres los convierten casi en sueños prohibidos. Así que me he despertado con una erección pero no estaba lo suficientemente a gusto como para masturbarme.

La mañana ha discurrido tranquila, leyendo, deambulando por el salón, la cocina y mi habitación, y poco más. Mientras estaba pelando la mandarina que iba a ser mi desayuno me ha llamado Sebas para ver hasta cuando tenía vacaciones. El plan de Londres se le ha caído y una de las opciones que barajaba era que nos fuésemos unos días fuera la semana que viene. Pero la semana que viene ya tengo que volver a trabajar. Nos hubiese venido bien.

Si me vuelvo a Madrid antes de este fin de semana iré a La Cabrera. Alex nos ha invitado a pasar el fin de semana allá y otro retiro rural siempre es de agradecer. Otra opción es hacer el retiro en el pueblo de mi madre, donde estaría con mis tíos. La última opción, que sería un tercer fin de semana en Pamplona ya me parece excesivo, aunque con estas cosas nunca se sabe.

Schussangst

Domingo, 28 de Septiembre de 2003

Esta noche me tenía que haber quedado en casa porque el día de ayer fue bastante ajetreado, y hoy no tenía ni el cuerpo ni la mente para relacionarme con nadie. Eso era precisamente lo que no quería hoy, así que he vuelto con paso ágil hasta el piso de mis padres.

El camino de regreso me ha llevado unos 20 minutos, así que me ha dado tiempo a pensar en la película ganadora de la Concha de Oro del Festival de Cine de San Sebastián, ‘Schussangst’ que en español sería ‘Miedo a disparar’. Ayer por la tarde Esparza y yo fuimos a Donosti y fue casualidad que justo vimos esta película que se ha llevado el máximo galardón.

‘Schussangst’ es una historia de soledad, donde nadie tiene a nadie. Los únicos acompañantes para los personajes que van apareciendo son una televisión, un pequeño perro, juegos amorosos con desconocidos o simplemente recuerdos. Una película recomendable aunque haya recibido abucheos por gran parte de la crítica.

Antes de volver a casa me he encontrado con el último tío con el que tuve un rollo fugaz de una noche hace casi dos años. Estaba muy cambiado. La conversación no se ha alargado más allá de unas simples frases cordiales.

Fresita

Jueves, 25 de Septiembre de 2003

Ha llegado la hora de Gran Hermano. Empezó este domingo y quería esperar a conocer un poco más a los concursantes antes de hacer algún comentario. Pero ya tengo a una concursante atravesada. Ella es Nuria, alias Fresita y es que la niña es ñoña a más no poder. ¿Cómo puede alguien normal hacerse llamar Fresita? ¿Quién en su sano juicio entra en Gran Hermano diciendo que le encanta todo lo rosa y que es tierna? Y lo más importante, si tanto dice que le gustan los animales, ¿por qué se echa a llorar como una descosida tan solo porque una vaca la esté aplastando contra la pared? Fresita, espabila.

Is death

Miércoles, 24 de Septiembre de 2003

Acabo de volver del pueblo de mi madre, lugar en donde pasaba los veranos de mi infancia, y todo lo he visto muy cambiado. Para empezar, han hecho obra en la casa. Lo que era la cuadra lo han convertido en un gran salón con cocina y ha quedado precioso. Me han entrado ganas de quedarme y todo porque estaba el pueblo tan tranquilo…

Pamplona sigue igual de aburrida, en cuanto cae la noche las calles se quedan desiertas. Lo comentaba ayer con A., que esta ciudad ya no es lo que era hace años. Y parece que a la gente le da igual, se conforma con que su ciudad cada vez sea más y más aburrida. La oferta musical es inexistente. En todos los bares ponen lo mismo, que es exactamente lo que ponían hace 10 años. Lo mismo. Siempre lo mismo. ¿No hay nadie que se interese por la música en esta ciudad? Bueno. Sí que se interesan por la Oreja de Van Gogh. Este fin de semana tocan en Pamplona y las 15.000 entradas que salieron a la venta ya están agotadas. Como siempre, la gente apuesta por la música de calidad.

Total, el concepto que ahora circula entre la gente del buen cantante, es que componga sus canciones. Si ya compones tus propias canciones eres la leche. Esto nos llevaría a poner en los altares musicales de este país a Leonardo Dantés.

Cosas de madres

Martes, 23 de Septiembre de 2003

Ya están intentando cebarme otra vez en casa. No lo entiendo. Mi madre me saca unos platos enormes, llenos hasta arriba, como si llevase semanas sin comer. Le he dicho que todavía quiero bajar un par de kilos, así que no se emocione con las cantidades. Aunque bueno, luego salgo y entre vinitos y pinchos creo que no estoy solucionando nada.

Abuelas mironas

Lunes, 22 de Septiembre de 2003

Montado en el autobús para ir al centro vi a un ex mío en su coche. Él no me vio. Recuerdo que, a falta de casa, los fines de semana solíamos ir a un monte cercano a enrollarnos. Con lo incómodos que son los coches. Hace años que no follo en ninguno. Se echan los asientos para atrás y uno se pone encima del otro, la palanca de cambios siempre por medio, los techos tan bajos dando la lata. Y, de vez en cuando, la sorpresa de las abuelas mironas. Una vez sorprendí a una con las manos pegadas al cristal, observando como se la estaba chupando a otro detenidamente. Lo único que se me ocurrió decirle antes de que saliese despavorida fue si estaba disfrutando con el show.