Otra vez mi vida ha vuelto a la normalidad. Ayer por la tarde se fueron mis amigos y me da la sensación de que no he tenido casi tiempo de hacer nada con ellos. La próxima vez planearé la estancia un poco más.
El viernes por la noche estuvimos cenando y bebiendo en casa. La comida la pedimos a un italiano. Para cuando habíamos terminado y decidimos salir ya se había hecho bastante tarde y la única elección que nos quedaba era ir a una discoteca. Siempre nos pasa lo mismo, nos apalancamos en una casa y no hay forma de movernos.
El lugar elegido para pasar el resto de la noche fue el 8ymedio. Hace bastante tiempo, creo que un año, que no lo visitaba con tanta asiduidad. Les gustó bastante, sobre todo por la música, ya que la queja gerenalizada fue que había muy pocas tías y demasiados tíos. Nunca me había fijado.
Tras el 8 hubo un intento de ir a un after, fracasado en cuanto nos sentamos en un banco de Gran Vía con visita de colgado incluída. El colgado en cuestión era el típico freak, pasado de todo, que necesita su público para hacer unas cuantas gracias. Nos amenizó el rato que estuvimos tirados allí.
Como en mi casa no había espacio para tanta persona, Sebas y yo nos fuimos a dormir a casa de Vero. Qué bien se ha portado y qué mal lo pasé cuándo nos enteramos que el timbre que estuvimos oyendo aquella mañana era Vero intentando volver a su casa… Nos dejó las llaves para el fin de semana y ninguno pensó en que podía ocurrir algo por lo que necesitase volver a entrar, como así sucedió. La culpa, una furgoneta que se chocó contra su coche aparcado.
El sábado por mi parte fue bastante más decayente porque estaba destrozado. Sebas y yo fuimos a comer al VIPs, aunque sólo comiese yo. A Sebas le apareció un gusano en el sandwich y se le quitó el apetito. Después, volvimos a mi casa donde estuvimos vegetando y viendo la tele. Mis amigos se fueron a dar una vuelta por Madrid. Y por la noche, botellón otra vez en casa y aquí sí que ya no podía más. El gran problema creo que fue que no teníamos muy claro a dónde ir, y las opciones que más se barajaban eran lugares que no me gustan mucho (mejor dicho, nada). Mi cuerpo pedía descanso, así que les dejé de aventura por Madrid y Sebas y yo volvimos a casa de Vero.
Como suele pasar en estos casos, uno acaba con la sensación de que el tiempo ha volado y no ha habido tiempo de hacer nada. A ver si vuelven pronto, aunque no sea en manada.
Y chicos, para las cosas que queráis añadir o contar sobre el fin de semana ya sabéis que tenéis el link de comentarios.