Y por fin la boda
Lunes, 30 de Junio de 2003No me gustan mucho las bodas, quizás por la música que se pone en la fiesta, los trajes que suele llevar la gente, los puros que se sirven en el banquete (aunque me fumase uno) o la necesidad de socializarse. Y tras hacer esta puntualización, tengo que decir que en la boda de Carmen y Agustín me lo pasé muy bien. Ella estaba guapísima. La imagen del día fue, sin duda, verla entrar en la iglesia toda sonriente de oreja a oreja.
En el banquete que se celebró en una finca de la sierra, intenté buscar a algún chico que me resultase atractivo pero no lo encontré. El tipo de hombre que predominaba, desde luego no era mi tipo. El lugar era muy bonito: un jardín bastante extenso con piscina incluída, arbolitos, no recuerdo si alguna que otra flor y unos camareros jovencísimos que no eran muy diestros llevando las bandejas.
En la mesa estuve con otros compañeros de trabajo y por una vez no fuimos la mesa más animada. Los de la mesa de al lado estaban venga reírse escandalosamente y claro, la envidia nos invadió porque todos somos unos envidiosos. Hicimos un par de intentos de llevarnos el premio al escándalo pero tengo que reconocer que los de la otra mesa al final nos ganaron.
Del resto de la noche… Bueno, ya se sabe que en estas fiestas el alcohol abunda y además, con barra libre, pues que no da mucha pereza pedir cubatas. Dentro de poco colgaré las fotos.