Estoy solo viendo “Al final de la escalera” porque Sebis se ha echado a dormir y con el miedo que me dan estas películas me he puesto a escribir que no estoy para sobresaltos (aunque de reojo sigo viendo la película). Viene otra parte de miedo y es que la música de estas películas es para ponerse muy nervioso, con esos coros y violines disonantes y los gritos estridentes de los niños. Lo peor de todo es que no puedo dejar de mirarla.
Ya que estoy en el tema, para historias de miedo la Seguridad Social y, sobre todo, las Urgencias. Da igual que tengas la piedra de Obelix en el riñón, como ayer me confirmaron en el centro de especialidades, que te dicen que no tienes nada y que todo se debe a los nervios. Un cero patatero para el Hospital de La Paz y para los y las médicos que no se toman el trabajo como deberían.
De miedo también es el videoclub del que soy socio, que es el que más cerca me queda de casa. Está regentado por una especie de Monster Family, aunque con la diferencia de que los Munster no daban miedo. Si algún día me quedo sólo ahí, me da algo. Seguro que en la trastienda hacen experimentos. Además todo es viejo y tiene aspecto de película de terror. Algún día me voy a aventurar a buscar otro videoclub cerca antes de que me lleven a la trastienda por devolver un dvd un día tarde o, lo que sería peor, algo rallado.